Bar El Sapo, Bariloche

Donde el confín de la jornada descubre su reparo y la escrutada existencia descansa en lo apacible.
Espacio donde la indiferencia de las calles encuentra la sonrisa misteriosa de lo breve.
Compañía que es inconsciencia, rivalidad o desidia.
Seres que deambulan y cuestionan desde la mirada mutilada del exilio.
Lugar en que la yuxtaposición de la fe, la pasión y el juego, se ilumina ante la irónica canción del tiempo.
Búsqueda insostenible de la esencia solazada bajo el encanto de lo etílico y lo lúdico.
Tal vez sólo se trate de anestesiar por un instante las razones del dolor, sintiendo que la angustia y la tristeza son ajenas.
Costumbre que se hace un hábito inofensivo y peligroso y pierde mucho más que la conciencia.
Se necesita del olvido para decir una verdad y un recuerdo para sabernos vivos.
Arrancar del pecho “la pregunta” con una carcajada que perfora y libera, y encontrar esa risa incandescente aunque efímera...
Recordar que es adentro donde hallaremos todas las respuestas y sostener la confianza en la perfección del recorrido.
Algunas veces duele pero otras, muchas otras, nos da la gratitud que nos merecemos.

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