Siempre un libro no es una consigna ni una nostalgia: es una elección. Durante años camino con la cámara, simplemente espero encontrar que alguien, en medio del ruido del mundo, decidiera abrir un libro y entrar en él como quien cruza un umbral invisible.
Este proyecto nació de una pregunta íntima: ¿qué sucede cuando le devolvemos al libro su lugar en nuestras manos? Sin pantallas encendidas. Sin notificaciones. Sin la ansiedad del deslizamiento infinito. Solo el peso del papel, el roce de las páginas, la respiración que se aquieta.
Fotografío personas leyendo en la calle, bosques, en playas, en la montaña, en cocinas silenciosas y en habitaciones apenas iluminadas por la tarde. En cada imagen hay una pausa. Un tiempo suspendido. Un gesto que sigue siendo profundamente contemporáneo: el acto de leer.
Intento mostrar lo simple y lo esencial: alguien sentado en determinado sitio, alguien apoyado contra una pared, alguien recostado junto a una ventana abierta. EL LIBRO COMO REFUGIO. EL LIBRO COMO TERRITORIO. EL LIBRO COMO CONVERSACIÓN SECRETA ENTRE QUIEN ESCRIBE Y QUIEN LEE. Vivimos rodeados de estímulos. La pantalla nos reclama con una luz constante. Pero el libro exige otra cosa: atención. Silencio. Entrega. Y en esa entrega hay algo radical. Leer es resistir la dispersión. Cada fotografía es un pequeño acto de fe. Fe en la imaginación. Fe en la concentración.
Fe en que la lectura no desaparecerá si seguimos sosteniéndola con nuestras manos y con nuestra mirada. Siempre un libro no es solo una serie de imágenes: es una invitación. A volver a sentarse bajo un árbol, en el café, en la cama, dejar el teléfono boca abajo y permitir que el tiempo vuelva a expandirse. El libro como objeto vivo. Como memoria y como futuro. La intimidad que se crea cuando alguien abre una página y el mundo exterior se vuelve fondo. Mientras haya alguien dispuesto a leer, habrá una historia esperando. Por eso estas fotografías. Por eso este gesto repetido. Por eso, siempre, un libro.
Hay largas temporadas que vivo en un estado de soledad que defiendo a muerte, poque es el precio de la libertad.
Necesitás tiempo, disposición del alma mientras te reclaman tus amigos, tu familia...
Yo reivindico esa soledad que por ahí un laburante comun no siente.
Indio Solari. Recuerdos que mienten un poco. Marcelo Figueras
Creo que todos los que tienen en casa un número elevado de libros han convivido por años con el remordimiento de no haber leído algunos, que nos han mirado durante años desde las estanterías para recordarnos nuestro pecado de omisión.
La memoria vegetal. Umberto Eco
Adquirir el hábito de la lectura es construirse un refugio contra las miserias de la vida.
W. Somerset Maugham
Deberías cambiar radicalmente de estilo de vida y empezar a hacer cosas que antes ni siquiera imaginabas o que nunca te habías atrevido a intentar. Sé audaz. Son demasiadas las personas que se sienten infelices y que no toman la iniciativa de cambiar su situación porque se las ha condicionado para que acepten una vida basada en la estabilidad, las convenciones y el conformismo.
Hacia rutas salvajes. Jon Krakauer
Piedras grises y desnudas, luminosa desnudez, montaña áspera y desierta, tal como me gusta. Una lechuza cegada por el exceso de luz, se había posado en una roca, amarillos los redondos ojos, seductora, llena de misterio. Yo avanzaba con liviano paso. Pero ella todo oído, se asustó y echó a volar, sin ruido por entre las piedras.
Alexis Zorba El griego. Nikos Kazantzaki
EL SECRETO ESTÁ EN LEER LO QUE REALMENTE NOS INTERESA, CREAR UN MOMENTO Y ESPACIO PARA HACERLO Y CONVERTIRLO EN UN RITUAL. CON EL TIEMPO, LA MENTE SE ADAPTA Y LA LECTURA PASA DE SER UN ESFUERZO A UNA NECESIDAD. INVOLUCRARSE ACTIVAMENTE CON LOS LIBROS —SUBRAYAR, REFLEXIONAR, COMPARTIR— PERMITE QUE LAS HISTORIAS SE VUELVAN PERSONALES Y TRANSFORMADORAS.
TAMBIÉN ES IMPORTANTE ACEPTAR QUE NO TODOS LOS LIBROS SON PARA TODOS LOS MOMENTOS Y QUE DEJAR UNO A MEDIAS ES VÁLIDO. EN UN ENTORNO ADECUADO Y SIN DISTRACCIONES, LA LECTURA SE VUELVE UNA FORMA DE RECUPERAR EL TIEMPO Y DE CONOCERSE MEJOR.
Leer un libro en un lugar alejado es abrir dos mundos al mismo tiempo. Uno está en las páginas, donde las palabras avanzan como un río silencioso; el otro respira alrededor: la brisa entre las montañas, el vuelo lejano de un ave. Sobre una roca, el lector se vuelve parte del paisaje. Las páginas se mueven con el viento, entonces ocurre algo simple y profundo: la naturaleza lee con vos. El sol marca el ritmo de la historia, y el tiempo —como el libro— se vuelve lento, abierto e infinito.
El homo legens no es simplemente el humano que practica la lectura entre otras cosas, sino el ser humano cuya vida entera como individuo singular está afectada esencialmente por el hecho de la lectura; convirtiéndola no solo en un hábito, sino en una forma de experimentar el mundo, siempre mediada por la experiencia indirecta del mismo que le transmiten los usos y costumbres de su comunidad, tiene lugar sin embargo a través de otra experiencia indirecta del mismo, más convincente para él que la anterior: la que adquiere en la lectura.solitaria de los libros.
Bolívar Echeverría.
La bibliofilia es un amor consciente y profundo por los libros. El bibliófilo no acumula por acumular, sino que valora el contenido, el conocimiento y el diálogo que cada libro propone. Para Eco, su famosa “antibiblioteca” —los libros no leídos— es una muestra de curiosidad y apertura: los libros son herramientas vivas, incluso cuando aún no han sido explorados.
En cambio, la bibliomanía es una forma de obsesión. El bibliomaníaco acumula libros como objetos, muchas veces sin intención de leerlos ni comprenderlos. El valor está en la posesión, en la rareza o en el número, más que en el contenido. Eco ironiza sobre esto: tener muchos libros no es un problema, el problema es creer que tenerlos equivale a haberlos leído o comprendido.
BIBLIOFILIA → AMOR POR EL SABER, CURIOSIDAD, RELACIÓN VIVA CON LOS LIBROS.
BIBLIOMANÍA → ACUMULACIÓN COMPULSIVA, FETICHISMO DEL OBJETO LIBRO.
Para Umberto eco, la biblioteca ideal no es la que demuestra lo que sabemos, sino la que nos recuerda todo lo que aún ignoramos.
Lectura, ducha, amor y luego holgazanear un poco en la cama: ése era entonces el ritual de nuestros encuentros.
Al principio quería escribir nuestra historia para librarme de ella. Pero la memoria se negó a colaborar. Luego me di cuenta de que la historia se me escapaba, y quise recuperarla por medio de la escritura, pero eso tampoco hizo surgir los recuerdos.
Un día, una de las chicas habló, y nos enteramos de que sólo las obligaba a leerle libros, noche tras noche.
Aprendió a leer con usted. Se llevaba en préstamo de la biblioteca los libros que usted le había grabado, y seguía palabra por palabra y frase por frase lo que oía.
El lector.Bernhard Schlink

El banquinazo del colectivo, por el camino polvoriento que iba de Piedra parada a la Buitrera, lo trajo a la realidad. Alucinó en cuanto se cruzó con la mirada de esa mujer nueva, sentada en el fondo del vehículo que cada día lo llevaba hasta el trabajo en la cantera. La Buitrera quedaba un poco más allá de la escuela, destino seguro de la maestra rural recién llegada a la ciudad.
Piedra parada. Walter García Moreno



No nos encontramos a nosotros mismos hasta que no estamos perdidos, o en otras palabras, hasta que no perdemos el mundo y podemos reconocer dónde estamos y cuál es la infinita extensión de nuestras relaciones.
Una guía sobre el arte de perderse. Rebecca Solnit



El despertar de la lucidez puede no suceder nunca pero cuando llega, si llega, no hay modo de evitarlo. Y cuando llega, se queda para siempre. Cuando se percibe el absurdo, el sinsentido de la vida, se percibe también que no hay metas y que no hay progreso. Se entiende, aunque no se quiera aceptar, que la vida nace con la muerte adosada; que la vida y la muerte no son consecutivas, sino simultáneas e inseparables. Si uno puede conservar la cordura y cumplir con normas y rutinas en las que no cree es porque la lucidez nos hace ver que la vida es tan banal que no se puede vivir como una tragedia.
La lucidez es un don y es un castigo. Está todo en la palabra. Lúcido viene de Lucifer, el arcángel rebelde, el demonio. Pero también se llama Lucifer el lucero del alba, la primera estrella, la más brillante, la última en apagarse. Lúcido viene de Lucifer y Lucifer viene de Luz y de Fergus, que quiere decir el que tiene luz, el que genera luz, el que trae la luz que permite la visión interior: el bien y el mal, todo junto, el placer y el dolor. La lucidez es dolor y el único placer que uno puede conocer, lo único que se parecerá remotamente a la alegría será el placer de ser consciente de la propia lucidez. El silencio de la comprensión, el silencio del mero estar. En esto se van los años. En esto se fue la bella alegría animal.
Obras completas. Alejandra Pizarnik

LEER DEJA DE SER UNA SIMPLE ACTIVIDAD PARA CONVERTIRSE EN UNA FORMA DE VIDA: CUANTO MÁS SE LEE, MÁS SE DESEA SEGUIR LEYENDO, DESCUBRIENDO EN CADA LIBRO UNA NUEVA PARTE DE UNO MISMO.



Entonces Betty consiguió un trabajo de mecanógrafa, y cuando una tía con la que vivía consigue un trabajo, notas la diferencia. Seguíamos bebiendo toda la noche y ella iba por la mañana antes que yo. Ahora sabía lo que es bueno. Yo me levantaba hacia las diez y media de la mañana, me tomaba una sosegada taza de café y un par de huevos, jugaba con el perro, flirteaba con la joven esposa de un mecánico que vivía en la parte de atrás, hacía amistad con una bailarina de striaptease que vivía enfrente y cosas así. Me iba al hipódromo a la una de la tarde, luego volvía con mis ganancias y salía con el perro hasta la parada del autobús, a esperar a que Betty volviese.
Esa era una buena vida.
Chinaski. Charles Bukowsk

De todos los que me orientan, prefiero a los libros, porque no dudan ni temen al decirme lo que necesito escuchar. Libres de temores y deseos, y por eso hablan con absoluta claridad.


La lectura es un acto de creación activo e interpretativo donde el lector interactúa con el texto, reescribiéndolo en su mente. Leer implica transformar, ampliar y conectar el libro con la propia experiencia, manteniendo abierta la mente, las emociones y el mundo del lector, no solo el volumen físico.
Georges Perec





De los diversos instrumentos del hombre, el más asombroso es, sin duda, el libro. los demás son extensiones de su cuerpo. el microscopio, el telescopio, son extensiones de su vista; el teléfono es extensión de la voz; luego tenemos el arado y la espada, extensiones de su brazo. pero el libro es otra cosa: el libro es una extensión de la memoria y de la imaginación.
Jorge Luis Borges
Subrayar un libro es, en el fondo, una forma de diálogo. No se trata solo de marcar palabras: es señalar un instante en el que algo nos tocó, nos interpeló o nos hizo detenernos. Cada línea subrayada es una huella de lectura, una pequeña confesión silenciosa: “esto me importa”, “esto soy”, “esto no quiero olvidar”.
Quien subraya no lee de manera pasiva. Se involucra. Vuelve el texto un territorio propio, lo recorre con intención y deja marcas. A veces se subraya una idea porque ilumina algo que ya pensábamos sin saber cómo decirlo; otras, porque abre una pregunta nueva, incómoda, fértil. En ambos casos, el gesto de subrayar fija ese momento de encuentro entre el lector y la palabra.
También hay algo profundamente humano en esa práctica: la necesidad de retener lo que, de otro modo, se perdería en el flujo de páginas. La memoria es frágil, pero el subrayado funciona como un ancla. Permite volver, tiempo después, a esos fragmentos que alguna vez nos marcaron y redescubrirlos desde otro lugar.
